Se acerca un mulato, metro ochentaypico, cuerpo escultural, labios pulposos que más que dar un beso parece que te van a aspirar la boca. Me mira y con tono amable y me dice que vuelva a pasar. Suena de nuevo el detector de metales.
MULATO
Por favor, señorita, un paso al costado.
La vamos a revisar.
Yo, tranquila que ese día había dejado la .45 en casa, me sonrío, me paro con los brazos levemente separados del torso dispuesta al cacheo. Corrijo, muy bien predispuesta al cacheo.
MULATO
(GRITANDO) Sel!
De repente veo una mujer de color (negro), enorme, igual de alta que el mulato, pero el doble de espaldas. Cada ubre de aquella mujer era del tamaño de todo mi cráneo. El ancho de mis dos piernas equivalía a un solo muslo de aquel gigante.
La veo abalanzarse hacia mí. Estira y abre sus enormes manos. Noto que en vez de dedos, tiene un racimo de berenjenas en cada mano. Empieza a palparme.
USHKA
Sabe, si me van a toquetear así, preferiría que lo haga él.
El mulato intenta disimular una sonrisa de coté. La negra, seria, casi enojada,
NEGRA
Señorita, no estamos aquí para tocarla,
estamos para hacer nuestro trabajo.
USHKA
Aún así...
podrían hacer el cacheo más divertido.
NEGRA
...
USHKA
¿Sabía que el sentido del humor cura todos los males?
NEGRA
...
USHKA
A menos que sea pobre, claro.
NEGRA
Vaya, por favor.
Damm US police.
